Grupo UNACEM impulsa el talento femenino en operaciones: conoce la historia de Merilyn Chumpitaz

A través de iniciativas que promueven la participación y el desarrollo profesional de mujeres en áreas tradicionalmente masculinizadas, Grupo UNACEM viene impulsando una cultura organizacional que fomenta la equidad de oportunidades dentro de la industria. La historia de Merilyn Chumpitaz refleja cómo este compromiso se traduce en una trayectoria profesional que hoy marca un precedente dentro de la organización.

Cuando Merilyn Chumpitaz eligió estudiar Ingeniería Ambiental y de Recursos Naturales sabía que ingresaba a un espacio donde la presencia femenina era minoritaria, una realidad que hoy empresas como UNACEM, empresa parte del Grupo, vienen transformando al impulsar el desarrollo del talento femenino en áreas operativas.

A Merilyn siempre le motivó el trabajo de campo, el dinamismo de las operaciones y la posibilidad de aportar desde la gestión ambiental en distintos frentes. Y así lo logró, años después cuando ingresó a UNACEM como practicante, sin saber que con el tiempo se convertiría en la primera ingeniera mujer en el área de operaciones, marcando un precedente dentro de la organización. Hoy, con más de 13 años en la compañía, se desempeña como supervisora de Medio Ambiente.

Pero su vínculo con la empresa empezó mucho antes de formar parte de ella. Merilyn creció en el área de influencia de la planta de UNACEM y recuerda que siempre fue parte de su entorno cotidiano. “Nací viendo a UNACEM. En el colegio, en la comunidad, todo era Fábrica de Cemento, porque es la empresa industrial más representativa en la zona donde vivía”, cuenta.

Abrir camino en operaciones

Cuando ingresó al área de Medio Ambiente que pertenecía en ese entonces a la Gerencia de Operaciones, Merilyn fue la primera ingeniera mujer en ese espacio. Durante un tiempo tuvo que usar uniformes diseñados para hombres, hasta que la empresa implementó vestimenta adecuada para mujeres en operaciones. Su labor implicaba recorrer diversas zonas de la planta, muelle y las canteras. En su área contaban con una camioneta 4×4 para movilizarse y ella fue una de las primeras mujeres en conducirla.

Recuerda que, al inicio, cada vez que ingresaba o salía de planta, sólo a ella, le pedían mostrar su brevete para comprobar que tenía licencia. Con el tiempo, esas verificaciones dejaron de repetirse y su presencia al volante se volvió parte natural de la operación.

Asumir ese tipo de retos fue parte de su decisión de contar con las mismas herramientas que cualquier colega dentro de la operación, pero más allá de esas experiencias, Merilyn decidió continuar fortaleciendo su preparación para desenvolverse en un entorno altamente técnico. “Sentí que debía prepararme aún más para demostrar con seguridad mis conocimientos y aportar con solidez. Construí mi estilo desde la preparación y la coherencia. Decidí conocer el proceso productivo a fondo para hablar el mismo “idioma” que operaciones. Con el tiempo, el respeto profesional se fue ganando desde el trabajo constante y el conocimiento técnico. Esa experiencia me enseñó que el liderazgo no depende de replicar un modelo preestablecido, sino de construir uno propio basado en la autenticidad, preparación y consistencia” afirma.

Un trabajo que evoluciona con cada reto

A lo largo de su trayectoria en UNACEM, Merilyn ha trabajado en distintos frentes de gestión ambiental: La operación de la planta de tratamiento de aguas residuales, operaciones industriales, gestión portuaria, temas eléctricos, hidrocarburos y actividades vinculadas al sector minero. Para ella, esa diversidad es uno de los aspectos más enriquecedores de su rol. “Lo valioso de mi área es que podemos ver varias aristas”, señala.

Actualmente su labor combina actividades de campo validando condiciones operativas, proponiendo mejoras y articulando acciones en las diferentes áreas. Ese enfoque integral, que conecta lo técnico con la gestión, le permite contribuir a la mejora continua de la operación y fortalecer la cultura ambiental dentro de la planta.

Parte central de su labor consiste en acompañar los procesos en terreno, supervisar actividades críticas, anticipar riesgos y asegurar que cada área mantenga un desempeño ambiental alineado con los estándares internos y regulatorios.

Para Merilyn, cada nuevo reto representa una oportunidad para seguir aprendiendo y ampliando su perspectiva: desde comprender procesos complejos hasta acompañar a los equipos en la implementación de soluciones que integren producción y sostenibilidad. Esa evolución constante es, justamente, lo que da sentido a su labor.

Ser mamá no la detuvo

Sus nuevas responsabilidades coincidieron con una etapa muy significativa en su vida. En 2023 nació su hija y, poco tiempo después, recibió la propuesta de asumir funciones adicionales en la planta de UNACEM en Condorcocha, ubicada a más de 4000 metros sobre el nivel del mar.

Aceptar ese encargo implicaba viajar y permanecer algunos días fuera de casa. Como madre primeriza, evaluó la decisión con cuidado. “Pensé mucho en qué quiero que mi hija vea de mí”, recuerda.

Finalmente decidió asumir el reto. Para ella, fue un momento emocionalmente desafiante en lo emocional, pero también una oportunidad para demostrar que la maternidad no limita el desarrollo profesional ni la capacidad de asumir nuevas responsabilidades. “Ser mamá da miedo, pero ese miedo puede servir como motor para impulsarte y afrontar más retos”, detalla. Hoy desea que su hija crezca viendo que es posible amar la maternidad y, al mismo tiempo, desarrollar una carrera profesional con compromiso y convicción. Para ella, ambos caminos no solo pueden convivir, sino también fortalecerse mutuamente.

Abrir oportunidades para otras

Hoy, cuando nuevas practicantes llegan al área, Merilyn busca acompañarlas en su proceso de aprendizaje. Desde su experiencia, sabe que cada mujer que ingresa a estos espacios contribuye a abrir camino y ampliar oportunidades para las que vendrán después.

En esa misma línea, ha participado de Mujeres que Construyen, impulsado por el Grupo UNACEM, iniciativa que forma parte del programa Voces Unidas, una plataforma que promueve una cultura basada en el respeto, la equidad y la valoración de las diferencias dentro de la organización.

“Este año fui parte de Mujeres que Construyen, un espacio que el Grupo ha creado para destacar el liderazgo, talento y experiencia de mujeres profesionales en la industria del cemento, concreto y energía. Quienes trabajamos en las distintas unidades de negocio compartimos nuestras experiencias de crecimiento y resiliencia, lo que nos permite inspirarnos entre nosotras e inspirar también a otras personas fuera de la compañía”, destaca Merilyn.

Para ella, participar en este tipo de espacios también le permite reflexionar sobre su propio camino profesional y sobre la importancia de seguir generando referentes en ámbitos donde la presencia femenina aún es menor.

Por eso su mensaje para las mujeres que buscan desarrollarse en este sector es claro: “Ser mujer en esta industria es demostrar cada día que tenemos el talento, la técnica y el liderazgo. Todo eso no tiene género. Cada paso que damos abre más camino para que otras mujeres puedan crecer en estos espacios”.

Merilyn Chumpitaz, supervisora de Medio Ambiente en UNACEM.

Read More